La primera entrada después de las Navidades es siempre muy complicada.
Se disfruta un montón todo el proceso: pensando qué vas a presentar, su elaboración, el decorado (que en esas fechas lo tienes que ni pintado), la sesión fotográfica... y por último la preparación en sí de la entrada y las reacciones de los amigos que te siguen y los que con ella se unen a esta aventura.
Después de esta vorágine te quedas un poco desinflada, como cuando tienes resaca por haber trasnochado más de la cuenta...
Aquí en Andalucía y, probablemente, en otras partes de España, se suele acabar una fiesta bebiendo un caldito o tomando chocolate con churros. En Francia, toman esta deliciosa sopa de cebolla, que se hizo famosa allá por el siglo XIX aunque parece tener origen en época de Luis XV.
Así que, nada mejor que cerrar todo este despliegue de platos festivos con una calentita y confortable "soupe à l'oignon" que nos ayude a volver a la rutina.
INGREDIENTES
- 2 cebollas grandecitas
- 2 cucharadas de aceite
- 50 gr. de mantequilla
- 1 cucharada sopera de harina
- 1/2 vasito de coñac
- 1 litro de caldo de carne (puedes utilizar una pastilla de caldo)
- unos granos de pimienta
- 1 hoja de laurel
- Sal
- Queso rallado para gratinar
- Rebanadas muy finas de pan (al gusto)
PREPARACIÓN
Cortamos la cebolla en juliana y reservamos.
Calentamos el aceite en una olla, añadimos la mantequilla y cuando esté derretida introducimos la cebolla, sal y pimienta y rehogamos hasta que esté blandita. Espolvoreamos la harina y mezclamos bien. Añadimos el coñac, dejamos que éste se evapore un poco y vertemos el caldo. Cuando empiece a hervir bajamos el fuego y la cocinamos durante unos 15 minutos a fuego bajo.
Ponemos en cuencos individuales una rebanada de pan, vertemos la sopa y espolvoreamos con el queso rallado. Precalentamos el horno a 180º y gratinamos a 220º durante unos minutos.
Servimos caliente inmediatamente y disfrutamos de ella. Ummmm!!!!
En casa de mis padres era el primer plato en Nochebuena y me trae muy buenos recuerdos. En casa de mis padres también escuchaba música francesa, maravillosa, y afortunadamente, descubrí a uno de los grandes, Charles Aznavour, que me acompaña desde entonces.
Os dejo con los impresionantes violines de "La bohême".
¡Á bientôt!
