La primera entrada después de las Navidades es siempre muy complicada.
Se disfruta un montón todo el proceso: pensando qué vas a presentar, su elaboración, el decorado (que en esas fechas lo tienes que ni pintado), la sesión fotográfica... y por último la preparación en sí de la entrada y las reacciones de los amigos que te siguen y los que con ella se unen a esta aventura.
Después de esta voráginete quedas un poco desinflada, como cuando tienes resaca por haber trasnochado más de la cuenta...
Aquí en Andalucía y, probablemente, en otras partes de España, se suele acabar una fiesta bebiendo un caldito o tomando chocolate con churros. En Francia, toman esta deliciosa sopa de cebolla, que se hizo famosa allá por el siglo XIX aunque parece tener origen en época de Luis XV.
Así que, nada mejor que cerrar todo este despliegue de platos festivos con una calentita y confortable "soupe à l'oignon" que nos ayude a volver a la rutina.
INGREDIENTES
2 cebollas grandecitas
2 cucharadas de aceite
50 gr. de mantequilla
1 cucharada sopera de harina
1/2 vasito de coñac
1 litro de caldo de carne (puedes utilizar una pastilla de caldo)
unos granos de pimienta
1 hoja de laurel
Sal
Queso rallado para gratinar
Rebanadas muy finas de pan (al gusto)
PREPARACIÓN
Cortamos la cebolla en juliana y reservamos.
Calentamos el aceite en una olla, añadimos la mantequilla y cuando esté derretida introducimos la cebolla, sal y pimienta y rehogamos hasta que esté blandita. Espolvoreamos la harina y mezclamos bien. Añadimos el coñac, dejamos que éste se evapore un poco y vertemos el caldo. Cuando empiece a hervir bajamos el fuego y la cocinamos durante unos 15 minutos a fuego bajo. Ponemos en cuencos individuales una rebanada de pan, vertemos la sopa y espolvoreamos con el queso rallado. Precalentamos el horno a 180º y gratinamos a 220º durante unos minutos. Servimos caliente inmediatamente y disfrutamos de ella. Ummmm!!!!
En casa de mis padres era el primer plato en Nochebuena y me trae muy buenos recuerdos. En casa de mis padres también escuchaba música francesa, maravillosa, y afortunadamente, descubrí a uno de los grandes, Charles Aznavour, que me acompaña desde entonces.
Os dejo con los impresionantes violines de "La bohême".
No sé que me pasa últimamente, pero no me apetece otra cosa. Si vais hacia atrás veréis una tarta de queso con lima, una tarta de queso clásica y ahora la New York Cheesecake. Espero que me disculpéis, son mi debilidad y no me canso de comerlas ni de prepararlas.
El pasado domingo 14 de octubre fue mi cumpleaños. Ya vamos por el 4 y el 1, como dice una compi del trabajo.
La tarde anterior nos planteamos Manolo y yo salir a cenar solos y así celebrar también nuestro aniversario que fue el día 9. Las niñas se quedaban en casa de los abuelos, Candela más feliz que una perdiz y Manuela..., Manuela se fue con el gesto torcidillo. No nos quedamos muy tranquilos, a pesar de que se han quedado muy frecuentemente con ellos y cuando íbamos a salir se me ocurrió llamar para ver cómo estaban. A mi Manuelilla no le salía la voz del cuerpo cuando hablamos por teléfono, sólo se escuchaba "quieeeeero con mi maaaaamiiiiiii" y nos dejó totalmente desarmados. Así que ni cortos ni perezosos fuimos a por la peque (Candela prefirió quedarse con los abuelos, le encanta...) y terminamos en un Centro Comercial, viendo tiendas de juguetes para preparar la Carta a los Reyes Magos y comiendo en Burguer King, porque daban un regalito precioso de la última peli de Disney. Y los tres más contentos que unas pascuas... Ya habrá otra ocasión.
Al día siguiente comimos con la familia y preparé una carrillada estofada riquísima y de postre esta tarta de queso que es mi favorita desde que se la copié a SandeeA de su precioso blog "La Receta de la Felicidad" . Si no lo conocéis (que no creo porque es famosísimo) es el momento de echar un vistazo. Lo vais a disfrutar un montón, por sus fotos, sus recetas y lo simpatiquísima que es.
INGREDIENTES
Para la base
1 paquete y medio de galletas tipo María (me gusta que la base sea gordita)
100 gr. de mantequilla
Para la tarta
900 gr. de queso tipo Philadelphia (yo uso los de Hacendado y genial...)
200 ml. de crème fraiche (la nata fresca que podéis encontrar en la sección de yogures, mantequillas...) o bien de yogur griego.
250 gr. de azúcar
3 huevos
El zumo de medio limón
Una pizca de vainilla o unas gotas de esencia de vainilla
3 cucharadas soperas de harina de repostería
Para la cobertura
Mermelada de frambuesa de calidad ( yo utilicé medio tarro aproximadamente)
1 hoja de gelatina
Zumo de medio limón
SandeeA plantea en su receta la realización de la cobertura con frambuesas frescas o congeladas, pero yo no tenía en casa y el resultado obtenido con la mermelada me agradó bastante.
PREPARACIÓN
En primer lugar preparamos la base. Mientras, precalentaremos el horno a 200º, sin aire, sólo arriba y abajo. Trituramos las galletas. Si no tienes thermomix o robot de cocina que te facilite esta tarea puedes meter las galletas en una bolsa y pasar sobre ellas el rodillo hasta que se desmenucen completamente. Mezclamos con la mantequilla, forramos la base del molde con papel de hornear y cubrimos con la base de galleta, presionando bien para cubrirlo todo. Metemos en el congelador mientras preparamos el relleno.
Ahora prepararemos la crema para la tarta. Batimos el queso con unas varillas y añadimos la nata fresca, el zumo de limón, la vainilla, el azúcar y la harina. Vamos añadiendo los huevos uno a uno hasta que queden bien integrados pero sin batir mucho para que no entre mucho aire en la masa.
(Se supone que el no batir mucho se hace para que no se resquebraje la tarta al sacarla del horno pero a mí se me resquebraja igualmente... Esto y lo, tan frecuentemente citado en otro tipo de tartas, de batir las claras de forma envolvente para que no se caigan, son dos profundas lagunas que tengo en mi labor repostera. Siempre bato la mezcla demasiado y siempre se me bajan las claras...)
Sacamos el molde del congelador (que ya había olvidado que lo metí allí) y vertemos la crema sobre la base de galletas. Introducimos en el hornoy horneamos a 200º durante 10 minutos. Bajamos la temperatura a 170º y horneamos 30 minutos más. Cuando finalice el horneado dejamos la tarta dentro del horno un par de horas, para que vaya enfriándose dentro.
Cuando alcance temperatura ambiente metemos en el frigorífico hasta que se enfríe totalmente.
En este punto tengo que comentaros que cuando saqué la tarta del horno tenía una grieta en la superficie que parecía la falla de de California. Meneé un poquito la tarta a ver si se recolocaba pero no había manera y mi preocupación era que cuando echara la mermelada para cubrir la tarta se la tragara entera. Entonces, cogí una cucharita, empecé a aplastar un poco la superficie intentando unir los dos trozos de la grieta y dio buen resultado. Quedó completamente lisa y pude verter sobre ella el preparado de mermelada sin temor a que éste desapareciera en las profundidades abisales...
Ahora prepararemos la cobertura de mermelada. Cómo os he comentado SandeeA la hace con frambuesas, podéis consultar su receta aquí. Yo utilicé una buena mermelada de frambuesa, tipo "La Vieja Fábrica". Ponemos a hidratar la hoja de gelatina en un vaso con agua bien fría durante 5 minutos. En un cacillo calentamos la mermelada junto con el zumo de limón e incorporamos la gelatina hasta que se disuelva bien. Vertemos la salsa sobre la tarta y volvemos a meter en el frigorífico hasta que vayamos a consumirla.
No es necesario, pero la adorné con una tira de chocolate decorado con papel transfer ¡Me encanta el resultado!
Ya veréis como se convierte en vuestra tarta de queso preferida.
Y ahora para despedirme me voy a hacer (y os voy a dar) un regalito de cumpleaños. Si os apetece, podemos escuchar una maravillosa canción que me viene a la cabeza cada vez que preparo esta tarta. Es el tema original del musical de Martin Scorsese de 1977, "New York, New York" , protagonizado por Liza Minelli y Robert de Niro.
Esta canción se hizo famosa en la versión posterior de Frank Sinatra. Pero, a pesar de ser "La Voz", me quedo con la versión de Liza por su garra, su potencia, y su tremenda voz
Así que ... Ladies and Gentleman..., levántense de sus sillones, dejen todo lo que estén haciendo y bailen... bailen al ritmo de la única, la inconfundible y siempre grande
Hace unas cuantas entradas, mi Chusa, desde su Lareira, me pidió que buscase la canción de "Malagueña Salerosa" que interpreta el grupo mexicano "Chingón" en la película "Kill Bill II". Es una versión espectacular de una canción popular mexicana ¿quién no conoce la canción y la película?
Y si Chusa quiere escuchar "Malagueña Salerosa" yo busco "Malagueña Salerosa", faltaría más, pero no así sin más... Había que buscar una excusa para poder subir el video, porque si no no tiene gracia. Así que estuve madurando la idea y estudiando de qué forma podía yo integrar esta canción en un blog que, aunque no lo creáis, es de cocina... (yo ya casi que tampoco me lo creo, jajaja)
Pues pensando y pensando, se me ocurrió que podía hacer una comida típica malagueña y así darnos un lujo doble: el plato y la canción. Y creo que no hay nada más malagueño que la fritura de pescado y el gazpachuelo. No soy especialmente buena friendo pescadito (que es todo un arte para que quede bien crujientito y nada aceitoso) y el gazpachuelo nunca lo había preparado, así que la complejidad de un nuevo reto se cernía sobre mí (Es que estoy viendo la serie "Juego de Tronos" y se me está pegando el vocabulario)
Me decidí por el gazpachuelo que, a pesar de ser una sopa, no se toma demasiado caliente y no viene mal aunque ya haya entrado el calor.
Ya os podeis imaginar que versiones hay de todos los colores y para todos los gustos, pero todas coinciden en lo mismo: caldo, patatas y mayonesa, ingredientes muy básicos que tenemos siempre en casa, por lo que se convierte en un plato muy socorrido cuando te encuentras con la nevera temblando.
Como he comentado antes, nunca lo había preparado, así que eché mano de un fabuloso blog de cocina de Málaga, Al sur del sur, creado por Reme, otra malagueña "salerosa", y me puse manos a la obra. Vereis que no he modificado nada su receta, no le hace falta, es perfecta.
Cómo veis, un platito sin mayores pretensiones, pero ¿quién las necesita? Es un claro ejemplo de que lo exquisito no está reñido con lo sencillo.
INGREDIENTES
3 patatas grandecitas
2 ajos
200 grs. de gambas
150 grs. de merluza
zumo de 1/2
limón
sal
1 litro de agua
Para la
mahonesa
1 huevo
150 grs. de aceite de oliva suave o de girasol
Sal y limón
PREPARACIÓN
En una olla pongo a cocer en el agua las patatas, cortadas en trozos y los dos dientes de ajo.
Mientras cuecen, voy preparando la mahonesa. En el vaso de la batidora pongo el huevo entero (sin cáscara ¿eh?, que os conozco), un pellizquito de sal y el aceite. Comenzamos a batir pero sin levantar el brazo de la batidora, para que el aceite se vaya mezclando. Cuando empiece a cuajar entonces podremos levantar el brazo y batir bien. Añadimos limón al gusto y reservamos.
Mientras habremos cocido las patatas y en el último momento echamos el pescado y damos un hervor para que se éste se haga sin que quede seco.
Esperamos a que se enfríe un poco el caldo de las patatas y entonces cogemos un cucharón de ese caldo y lo mezclamos bien con la mayonesa hasta que se integre. Entonces lo vertemos en la olla donde tenemos el caldo con las patatas y el pescado, removemos y servimos.
Simple y delicioso.
Siempre se ha considerado un plato pobre por eso a veces se acompaña de un vino Viña AB, vino blanco de la zona de Jerez, almejitas, marisco...... que suponen un "algo más", pero que si no las pones no pierde nada.
Ojito si os sobra y queréis volver a calentarlo: con mucho cuidadito para que no hierva y no se corte la mahonesa...
Y ahora a disfrutar de ese Robert Rodríguez, su grupo "Chingón" y esta versión ¡¡¡¡GENIALLLLLL!!!! de "Malagueña Salerosa" especialmente dedicada a todos vosotros que sí que sois "Salerosos".
Llevamos ya un año juntos. Es un topicazo pero... parece que fue ayer y ésta será mi entrada número 70.
Lo que comenzó por casualidad se ha convertido en una de mis principales aficiones.
Menos mal que todo vuelve a su cauce, porque el ritmo que cogí al principio me hacía sentir como una recién enamorada, muy bonito y todo eso, pero francamente agotador. Trasnochaba un montón mientras hacía la receta, la foto, la retocaba, la escribía... Me levantaba pensando en el blog, sólo leía libros, revistas y webs relacionadas con lo gastronómico, en la playa, en el campo, en el coche, con mi bloc de notas y la cámara de fotos a cuestas... Iba a un restaurante y ya pensaba en la entrada que podía hacer con lo que estábamos comiendo y aunque mis amigos no me lo han dicho porque me quieren mucho y me tienen mucha paciencia, estaba un pelín monotemática. Más de una vez hemos recordado esa famosa frase de Francisco Umbral: "Yo he venido a hablar de mi libro, y si no es para hablar de mi libro me voy"...
Hoy somos como una madura pareja bien avenida. Mi blog y yo nos queremos, nos gusta estar juntos pero no nos molesta que compartamos nuestro tiempo con otras personas o aficiones. Es uno más de la familia, mi marido me pregunta cuando lo voy a hacer protagonista de nuevo en una entrada, mis hijas me recomiendan las fotos que debo subir y mi tía, mi hermana y mi madre son comentaristas asiduas. Recibe con cariño a mis amistades y a su vez éstas lo han acogido con mucho afecto...
Por estas fechas también cumplen su primer año una serie de blogs amigos y me resulta muy gratificante ver como van creciendo conmigo, como están evolucionando y cómo han influido en el desarrollo del mío.
Todavía recuerdo el día que terminé mi curso de Herramientas Colaborativas de Internet, en el que comenzó este blog. Mi compañera Adela, me dijo que su marido también había empezado uno. Y así descubrí El blog de Jofran, que ha estado hace muy poco celebrando cumpleaños. Y me encanta leer lo que escribe. Estoy por encontrar una entrada en la que no me muestre absolutamente de acuerdo con todo lo que plantea. Por eso, a veces, se me hace tan difícil hacerle un comentario, porque lo único que se me viene a la cabeza es "Amén", jamás podría expresarlo yo mejor.
También acaba de cumplir un año el blog de Alfonso Almarmenor. Es un maestro uniendo fotografía e ingenio. Me gusta visitarlo porque me lleva a lugares hermosos, algunos cercanos, otros probablemente no visite jamás, mientras me lo paso en grande leyendo sus comentarios.
Un poquito después comenzó mi Chusita y su lareira, donde la cocina se hace poesía en un rinconcito tan cálido y acogedor como su creadora. ¡Qué descubrimiento ha sido conocerte! Tengo la certeza de que este blog no sería el mismo sin ti.
Y al poco tiempo llegaron Raquel con Colecciona Recetas y Golonsegus con Golonsegus (jajaja, valga la redundancia), dos maravillosas cocineras y estupendas blogamigas, de las que aprendo un montón y me encanta tener cerca.
Pero no puedo dejar de mencionar otros compañeros de viaje, que ya existían cuando yo llegué y que me han dado una acogida que jamás podría esperar:
A Gabriela y su Seis de enero ya los conocéis. Junto con otro querido peruano, Cyrano, autor de Columna 17, nuestra amistad ha superado la blogosfera. Gracias a los dos por vuestra generosidad y atención. Es maravilloso sentir que estáis cerca aunque nos separen un montón de kilómetros.
Toñi con "Las recetas de Florelila" me ayudó un montón en el díseño de la página, sin conocerme de nada y vía mensaje privado en el foro de recetas en el que participamos. Gracias guapa!
Por supuesto, hoy tienen que estar aquí dos grandes blogueras y excelentes cocineras, a las que copio todo lo que puedo y más y que a pesar de tener unos blogs de reconocido prestigio y magnitud, buscan un huequecito de su tiempo, para visitar mi página y dejarme unos cariñosísimos comentarios: Las recetas de Mamá y Cuinant, de Ana y María Dolores, respectivamente.
Uffff, y como siga no voy a poder parar, porque sois tantos y tan buenos... No puedo olvidarme de Carmela y su maravillosa Panadería, es la mejor con las manos en la masa y de mis dos Nieves, con Mis ratos en la cocina e Igloo Cooking . Besitos para Lauma, compañera de blogs y de desayunos en el foro de MundoRecetas y para Esperanza, maravillosa en sus creaciones con telas . Dos nuevos fichajes me han enganchado a sus páginas, Olivia y Carolina y ....
AHHHHHHH ¡¡¡¡SOCORROOOOO!!!! ¡Que alguien me frene, que me tengo que ir a dormir!!!!!!!!!!!!!!!
Seguro que me estoy dejando a mucha gente atrás. Perdonad si es así, desde aquí os mando un fuerte abrazo y os doy las gracias por este fabuloso año que hemos pasado. Espero veros en el segundo, el tercero...
Bueno, y como no hay cumpleaños sin regalito, me vuelvo a homenajear con el video de esta maravillosa mujer y la preciosa canción que da título a este blog. La primera vez que la puse fue al comienzo y cantaba sola, esta vez viene acompañada de los Sabandeños. Nadie mejor que ella para cerrar esta entrada.
Con vuestro permiso, hoy voy a cambiar el orden en que normalmente publico mis entradas. Para variar, voy a empezar por la receta, sin muchos preámbulos, para luego contar una historia, de esas que me gusta contar, pero un poquito más especial. Como la de hoy va para largo, la dejo para el final y asì si alguien va con prisas tiene la recetita al principio.
Este bizcocho lo vi en el blog de Raquel "Colecciona Recetas" y me encantó. He hecho unas pequeñas variaciones, pero en esencia es el mismo bizcocho. Podéis ver su receta aquí. No os asustéis por el sabor a vino, es imperceptible. Lo que sí podréis notar es que sabe a chocolate y a "algo más" y eso es lo que lo hace especial.
INGREDIENTES
250 gr. de harina bizcochona
50 gr. de cacao en polvo
150 gr. de chocolate para postres fundido (Lo puedes fundir al baño María o en el microondas, en este caso, con mucho cuidado de no quemarlo, lo vas haciendo poco a poco)
3 huevos
1 cucharadita de canela
1 cucharada de levadura (si usas harina normal de repostería pon 2 cucharadas)
200 gr. de mantequilla a temperatura ambiente (Puedes ablandarla un poco en el microondas, pero que no se derrita completamente)
150 gr. de vino tinto (buenecito ¿eh?)
Chocolate blanco de cobertura y chocolate rallado para decorar (opcional, también se puede decorar con azúcar glass)
PREPARACIÓN TRADICIONAL
Tamizamos la harina junto con la levadura, la canela y el cacao y reservamos. Batimos los huevos con el azúcar hasta que estén esponjosos y añadimos la mantequilla blandita. Batimos hasta que esté todo bien integrado. Derretimos el chocolate y lo añadimos a la mezcla junto con el vino tinto. Mezclamos todo bien. Incorporamos la mezcla de harina y cacao y removemos.
Engrasamos un molde con mantequilla y pan rallado o harina, vertemos la mezcla e introducimos en el horno a 180º durante unos 45 minutos. Mi horno necesita casi una hora para este tipo de bizcochos más húmedos, tendréis que ir probando en el vuestro. Como veis, no he precalentado el horno, prefiero que se vaya calentando con la masa dentro. Pero si a vosotros os gusta precalentar el horno, calculad un cuarto de hora menos de cocción.
Cuando esté hecho, sacamos del horno y dejamos que se enfríe un poco antes de desmoldar. Yo lo adorné con chocolate blanco de cobertura y virutitas de chocolate, pero queda muy bien con azúcar glass espolvoreada.
PREPARACIÓN PARA THERMOMIX
Ponemos los ingredientes secos (harina, cacao, levadura y canela) en el vaso y tamizamos, poniendo velocidad 5 durante unos segundos. Reservamos.
Batimos los huevos junto con el azúcar, temperatura 37º, 3 minutos, velocidad 2. Añadimos la mantequilla y el chocolate derretido, junto con el vino. Mezclamos unos segundos a velocidad 3.
Añadimos la mezcla de harina y cacao tamizados y mezclamos a velocidad 3, hasta que estén bien mezclados.
El resto igual que he descrito antes.
Hay personas que pasan por tu vida como un suspiro y no dejan ninguna huella. Hay otras que se quedan y te hacen feliz. Pero un grupito muy pequeñito de personas no sólo han estado siempre sino que han contribuido de una manera muy intensa a que una sea quien es. Una de estas personitas es mi amiga Mercedes.
Quería aprovechar esta entrada para hacerle un regalo. Realmente, quien ha recibido el regalo he sido yo, por más de 25 años de una amistad con mayúsculas y mantenerla tan fuerte, tan sincera y tan fresca como siempre. Pero como aquí, mi Merceditas es adicta al chocolate, pues me he dicho, "ésta va por ti". Y allá va este bizcochito de chocolate con vino tinto (para darle un poquito de más picardía y emoción).
Cuando conocí a Mercedes en el Instituto, yo todavía no había cumplido 14 años y ella estaba cerca de los 18. Era y es preciosa. Esos añillos de diferencia no eran importantes ya que yo siempre parecí mayor y ella siempre ha parecido más joven (ejem, ejem, amiguita, y un pelín infantil, no puedes negarlo)
El caso es que después de separarnos al terminar el bachillerato e ingresar en la Universidad, han existido períodos en los que hemos tenido menos contacto, circunstancia que se ha visto acentuada cuando tuvimos nuestras hijas. ¡¡¡Y mira que la he echado de menos!!! Pero el ser humano es así de burro y nos metemos en la vorágine del día a día con una venda en los ojos y ninguna capacidad para ver lo que realmente importa.
Y así, sin darnos ni cuenta, nos metimos en casi un año sin saber nada la una de la otra. Tremendo. Imperdonable. Pero así fue. Por eso, cuando desde el Blog "Columna 17", el amigo Cyrano nos hizo"Una Propuesta", yo acepté encantada y ni corta ni perezosa, sin dudar un segundo, llamé a mi amiga para decirle que la quería un montón.
Y, a riesgo de parecer un poquito exagerada (o un muchito...), creo que ha sido una de las llamadas más importantes que he hecho en mi vida. Este año ha sido terriblemente duro para su familia, han tenido que luchar contra una grave enfermedad, de la que afortunadamente están saliendo poquito a poco. Por eso, pienso que la entrada de Cyrano fue providencial. Y le agradezco ese empujoncito que me ha permitido estar de nuevo cerca de mi amiga, acompañándola y como siempre, aprendiendo de ella.
Así que, amiguita, aquí te traigo un regalito. Pero, va a ser un regalito para las dos. Cómo nunca nos hemos peleado por los hombres (ni por nada), para mí Silvio y para ti, Aute.
Yo ya recuperé mi unicornio azul y Albanta está ahí, bonita mía, donde está la gente que te hace feliz. Te quiero.
Hoy os traigo una receta típica de la cocina malagueña. Mi familia es de Almería, por lo que no es un plato muy presente en mi historia gastronómica pero hace unos meses una compañera de trabajo, Asun, me contó que es tradicional que en Málaga se preparen los calamares rellenos por Navidad y desde entonces "les tengo ganas".
Cuando los calamaritos son pequeños, se preparan en Málaga unas frituritas espectaculares y cuando son más grandes se preparan así, rellenos, fundamentalmente con sus patitas, jamón serrano, huevo duro y almendra picada, pero como os podéis imaginar cuando echamos a volar la imaginación, las consecuencias son impredecibles: almendras, pistachos, piñones, pasas... y seguiremos teniendo unos maravillosos calamares rellenos al estilo malagueño, porque Málaga es así, tradicional e innovadora, fiel a sus costumbres y cosmopolita, siempre abierta al exterior y...y... y ... SO, SO...SOCORRO, me he visto poseída por el espíritu de la Oficina de Turismo... y esto más que una entrada de un blog parece un tríptico de "Lugares de interés".
Ahora bien, si os parece podemos dedicar la entrada de hoy a celebrar el día de Andalucía, que será el próximo día 28 de febrero y hacer un pequeño homenaje a nuestra región.
Me encanta mi tierra. El año pasado en menos de un mes disfruté de estas dos escenas, en la misma provincia, en Málaga, a menos de 70 Km. de distancia entre ambas localizaciones. Existen pocos lugares en el mundo en los que puedas revolcarte en la nieve y días después darte un buen remojón en la playa !!!
Aunque parezca mentira, y ahora estemos abrigados hasta las cejas, en menos de un mes podemos estar disfrutando de estos días de sol.
Es en estas fechas, marzo, abril y mayo cuando más sedisfruta de nuestras playas.
Pero ¿qué veo por ahí abajo? Son los almendros de Alfarnate en primavera, que parecen copitos de nieve...
Y aquí tenemos la nieve, a unos poquitos kilómetros de estos almendros...
Pero bueno, ¿qué hacen estas pitufitas bañándose? Pero ¿no estaba nevando? Ahhh, nooooo!!!! Eso fue hace dos semanas en Alfarnate. Ahora estamos en Torremolinos y hace una temperatura maravillosa (bueno, vale, y mis hijas son dos Kamikazes que no sienten el frío, porque, la verdad, es que el agua en Abril está pelín fresquita)
¿A qué vivo en un lugar delicioso? Pues además en él se comen platos tan ricos como el que voy a mostraros hoy. Vamos a ello:
INGREDIENTES
1 kg. de calamares medianitos
Aceite
1 hoja de laurel
1 cebolla
2 tomates
2 dientes de ajo
1 vasito de vino blanco
1 huevo duro
Jamón serrano picadito
50 gr. de almendras tostadas y picadas
Piñones y pasas (opcional pero muy recomendable)
PREPARACIÓN
Limpiamos bien los calamares y separamos las patas de los cuerpos.
Rehogamos la cebolla y los dos dientes de ajo picados y reservamos. Troceamos las patitas y las sofreímos, mezclamos con el huevo duro picado, el jamón serrano, las almendras machacadas, los piñones y las pasas y parte de la cebolla frita.
Ahora llega la parte más laboriosa de esta receta, el relleno. Con una cucharita vamos introduciendo la farsa y cerramos el calamar con un palillo de dientes para que al cocerlo no se salga. Echamos aceite en una cazuela y doramos los calamares.
Preparamos la salsa. Rallamos los tomates, los añadimos a la cebolla que ya hemos sofrito y rehogamos. Cuando esté bien pochadito, añadimos el vaso de vino y la hoja de laurel y vertemos sobre los calamares que dejaremos cocer a fuego lento hasta que estén tiernos.
Buen Provecho!!!!
Por último, si os apetece, escuchad esta preciosa canción de Carlos Cano. En mi opinión, el mejor himno que se le ha cantado a Andalucía.
Hola a todos. Con las croquetas os traigo otra bonita historia. El martes, al llegar a casa, me encontré un paquetito a mi nombre. Al ver el remite me llevé una gran alegría. Era mi amiga Gabriela, de Perú, creadora del blog Seis de enero, un lugar fabuloso para reflexionar, charlar, expresarte y sobre todo encontrar a gente maravillosa que, alrededor de las historias de Gabriela, van dejando un poquito de ellos mismos a través de sus comentarios. A él llegué recién inaugurado mi blog y éste no sería lo mismo sin su influencia y la de las personas que lo visitan.
El paquetito contenía unos productos típicos del Perú, sobrecitos con preparado para chicha morada y mazamorra, un refresco y un postre respectivamente, elaborados a partir del maíz morado, que sólo se produce en Perú. Riquísimos. Pero lo que más nos gustó a todos en casa fue que una persona, tan lejos físicamente, pensara en nosotros. Gracias de nuevo, guapa. En la próxima entrada pondré fotos para que veáis los regalitos.
Seguimos con otra historia y nos vamos acercando a las croquetas. Hacía tiempo que no subía una recetita de reciclaje. Recurrimos de nuevo a ese magistral cocido y vamos a preparar, muy fácilmente, unas estupendas y socorridas croquetas. Pero antes, os cuento:
Desde que ví la película "Atún y Chocolate", cada vez que hago croquetas recuerdo esa maravillosa petición de mano de Pablo Carbonell (director y protagonista de la película) a María Barranco. Una de las declaraciones de amor más tiernas y entrañables de la historia del cine, rodeados de croquetas y puerros y con un momento final que puede recordarnos a esa memorable escena entre Jessica Lange y Jack Nicholson de "El cartero siempre llama dos veces", (salvando las distancias ¿eh?)
"Atún y chocolate" resultó ser una gratísima sorpresa. Acostumbrada al Pablo Carbonell de "Los Toreros Muertos" y su "Agüita Amarilla" o al ácido reportero del programa "Caiga quien Caiga", me impactó la naturalidad, el cariño, la sensibilidad e incluso la crudeza en algunos momentos, que ha sido capaz de transmitir en esta maravillosa historia de amor que se desarrolla dentro del marco de la problemática social de nuestra costa gaditana. (Prometo que no he transcrito ninguna crítica cinematográfica, que me ha salido del tirón...verborrea fácil que tiene una, jejeje)
Entrañable, surrealista, divertida, agridulce... aquí teneis un trocito de esta película, que lo disfrutéis!!!!
... y ahora empezamos con las croquetitas: INGREDIENTES:
Restos de carne del cocido
1 cebolla picadita
Caldo del cocido (más o menos medio litro)
Harina (4 cucharadas colmadas)
Sal y pimienta
Nuez Moscada
Dos huevos
Pan rallado
Aceite de oliva
PREPARACIÓN TRADICIONAL
(Yo siempre he hecho las croquetas a mano, creo que un par de veces he utilizado la thermomix, así que en lugar de hacer la adaptación, si os parece, os remito al blog de Raquel, Colecciona Recetas, que las ha hecho hace poco y tienen una pinta estupenda.)
En una sartén con un poquito de aceite sofreímos la cebollita que habremos picado previamente. Mientras tanto vamos desmenuzando la carne en trozos menuditos y cuando la cebolla esté blandita la incorporamos a la sartén. Rehogamos un poco y añadimos la harina ( la cantidad de harina dependerá de la cantidad de caldo que queráis utilizar). Mezclamos bien y vamos añadiendo poco a poco el caldo para que no haga grumos a la vez que seguimos removiendo para que todo se ligue. Añadimos la sal, la pimienta y la nuez moscada al gusto. Para que tengáis una idea yo pongo harina hasta que la masa se me va despegando de la sartén al remover con la cuchara.
Una vez que conseguimos la textura de una bechamel dejamos que se enfríe un poco, lo suficiente para no quemarmos. Rellenamos con la masa una manga pastelera, la cerramos bien y la metemos en el frigorífico para que se asiente. Yo suelo dejarlo toda la noche en el frigo, pero basta con un par de horas.
Como podéis ver en las fotos, pongo en una bandeja abundante pan rallado y bato los huevos en un plato. Con la manga pastelera hago dos largas tiras de masa y voy cortando trocitos para formar las croquetas. Rebozo en pan rallado, paso por huevo y vuelvo a rebozar en pan rallado. Ya las tengo listas para freir.
En una sartén profunda con abundante aceite bien caliente, las vamos friendo hasta que estén doraditas. Sacamos y ponemos en un plato con papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.
Y aquí podréis ver una cena compuesta completamente de lo que me sobró del cocido: una sopita, imprescindible en mi casa todos los días, patatas con alioli y las croquetitas. Esto es lujo y lo demás son tonterías...